Dr. Luciano Barp Fontana. Investigador, Universidad La Salle Benavente lbf@ulsa.mx
 

Antes de contestar, me parece necesario aclarar dos términos: dignidad y respeto.

Dignidad significa valor. La dignidad radica en el ser, más que en el tener; no radica esencialmente en la riqueza, ni en la productividad, ni en las cualidades físicas o morales, que son valores mutables; valemos por lo que somos, no solamente por lo que tenemos.

Respeto significa visión (spicio, spectum, spicere, verbo latino que significa “mirar”), así que “respetar” consiste en fijarse bien en “qué es” aquello que tengo en frente. Yo no respeto y falto a la justicia, cuando “miro” en el otro solamente lo que tiene y no lo que es.

Repetimos la pregunta: ¿en qué radica la dignidad de la mujer?

Una respuesta espontánea podría decirnos que el valor de la mujer consiste en su condición femenina, en su identidad sexual, en su posibilidad de ser madre, en sus múltiples actividades.

Sin embargo, estas características no son propias y exclusivas de la mujer, pues, se encuentran también entre los infrahumanos del reino animal.

Es necesario decir que la dignidad de la mujer radica en su ser persona humana. La mujer vale por ser persona.
Antes que mujer (antes que varón), cada uno de nosotros es miembro de la única especie humana.

La variedad de las condiciones no debe ser un obstáculo para afirmar la común dignidad de todo ser humano.

Existen muchos modos de ser mujer (y de ser hombre). Como ser soltera, casada, con hijos, desempleada, con trabajo; puede tener únicamente estudios de primaria o enseñar en una Universidad; puede encontrarse en la cárcel o dictar sentencias en un tribunal; puede ser aún no nacida o pasar los días de su vejez en una casa de ancianos.

En cada situación, su dignidad es la misma: toda mujer es un ser humano.

La dignidad corresponde a cada mujer (y a cada hombre) simplemente por ser miembro de la especie humana (se encuentre donde se encuentre, haga lo que haga, viva de una manera o de otra).

Esta mentalidad unificadora permitirá el desarrollo de una cultura del respeto y de la solidaridad que nos hace valorar a cada mujer (y a cada varón) por lo que son en sí, sin adjetivos discriminantes y contingentes.

Recibido: 07 de Marzo de 2008
Aceptado: 12 de Marzo de 2008

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