Mtro. Alejandro López Ibarra, Director de Comunicación, Universidad La Salle Cancún
 

buenos gerentes en “potencia” tendría que diseñar actividades que sometieran al alumno a niveles de stress similares a los que se viven en el ámbito laboral, con el objeto de que el estudiante pudiera ir moldeando su autocontrol. Y también, el docente debería pensar cómo desarrollar en los alumnos la capacidad cognitiva de hacer análisis certeros, pues esta competencia es fundamental para que no se pierda el rumbo en la obtención de las metas.

Pero detengámonos un momento a reflexionar sobre lo que tendría que hacer nuestro hipotético maestro. En el párrafo anterior se hablaba que un buen gerente debe tener autocontrol pero, parafraseando nuestro mismo ejemplo, ¿cómo enfrentarse al diseño de actividades que sometan al alumno a niveles de stress similares a los que se viven en el ámbito laboral, con el objeto de que el estudiante pueda ir moldeando su autocontrol?

Es más, ¿se puede hacer eso en el aula? Muchos autores piensan que no y que la única manera es llevando la universidad a la empresa. Es decir, el campus deja de estar confinado a las cuatro paredes del salón y los alumnos; vía prácticas profesionales, cátedras empresariales o estancias por proyecto; entran en contacto con la realidad profesional.

Sin embargo, algunas personas pensamos que, si bien es cierto es muy importante el llevar la universidad a la empresa, también se pueden generar competencias trayendo la empresa a la escuela. El dar conferencias, pláticas o el generar proyectos escolares de manera conjunta con instituciones privadas o públicas es otro tipo de acercamiento válido y necesario para promover el desarrollo de alumnos competentes. Además, esta última vertiente no queda circunscrita a la Educación Superior y es una de las formas en que los profesores de otros niveles educativos pueden vincular sus materias con la realidad que sus alumnos enfrentan en su vida cotidiana.

Y a todo esto, ¿cómo se definen las competencias? Pensamos que el recorrido que, hasta el momento, hemos tenido sobre el origen y fundamento de este modelo educativo, permitirán entender algunas de las definiciones que se presentan a continuación. Sin embargo, quisiéramos hacer hincapié en que éstas son tan variadas como los autores que escriben sobre el tema. Es decir, la Educación Basada en Competencias es un tópico tan nuevo que todavía nos encontramos en un proceso de consenso.

Argudín (2005) nos comenta que la palabra competencia viene del griego agon y agonistes, que indica aquel que se ha preparado para ganar las competencias olímpicas. Esta concepción de ser el mejor, poco a poco, se fue aplicando a áreas más allá de la deportiva. Por ende, para muchos autores la persona competente es aquella que destaca en cualquier actividad. El mismo Boyatzis (1982, citado por Brundrett, 2000) definía a las competencias como las características que marcan la diferencia entre una actuación sobresaliente y un desempeño promedio o abajo del promedio.

Sin embargo, esta tendencia “norteamericana” a catalogar como competente a la persona que se distingue por su desempeño sobre las demás es cuestionada en muchos países. Contrario a lo que los autores estado-unidenses como McClelland y Boyatzis sugerían, en el Reino Unido se considera como competente a aquella persona que puede desempeñar adecuadamente una labor, sin que necesariamente tenga una actuación sobresaliente (Brundett, 2000).


Por lo tanto, en este proceso definitorio nos encontramos con la primera interrogante: ¿qué significa ser competente? ¿Sobresalir en el desempeño o hacer bien las cosas dentro de un estándar promedio? Considero que la visión norteamericana tiene que ver mucho con la psicosociología de dicho país. Incluso, en EU la definición de lo que se entiende por trabajador competente se centra en un análisis de las personas que se destacan en su labor, a diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido, donde dicha determinación se basa en una análisis matricial de los puestos de trabajo (no de las personas) y de las habilidades requeridas por un trabajador para desempeñarse adecuadamente.

Empero, lo que sí podemos apreciar es que ambas posturas tienen una fuerte tendencia a relacionar sus definiciones con el ámbito empresarial y pareciera que se confunde el término “actuación en el trabajo” con el de competencia. Este hecho es una de las principales críticas a la Educación Basada en Competencias. Muchas voces se alzan en contra de esta dependencia educativa a las necesidades de la empresa y en esa visión tan estrecha que constriñe la capacidad personal con la capacidad laboral.

Hacket (2001) en su artículo “Educando para la Competencia y la Práctica Reflexiva” nos comenta que, dentro de la Educación Basada en Competencias, podemos considerar que hay dos perspectivas. La perspectiva estrecha, la cual sostiene que el entrenamiento estandarizado produce resultados que pueden ser alcanzados, en un nivel aceptable, por todos los educandos.

Los pasos del entrenamiento estandarizado surgen de la observación de un trabajador competente. En cambio, la perspectiva amplia toma en cuenta las facetas sociales, intelectuales, emocionales y de proceso de las diversas circunstancias educativas en la que la Educación Basada en Competencias es practicada. No confunde el término “actuación en el trabajo” con el de competencia y enfatiza los aspectos humanos en las descripciones sobre competencia.

Recapitulando lo que hemos comentado en los últimos párrafos, vemos que no es una discusión menor la postura estadounidense de catalogar como competente al que sobresale vs. la opinión británica de considerar el desempeño promedio como algo satisfactorio. Sin embargo, este tema tiene que ver muchos con la idiosincrasia y la cultura educativa de cada país. Por lo tanto, y aunque tengo una postura clara al respecto, sería demasiado ambicioso el sugerir qué perspectiva debería adoptar cada nación sobre esta discusión. Sin embargo, considero que la diferencia entre la perspectiva estrecha y la visión amplia es el meollo del asunto de la discusión en torno a la definición de lo que es una competencia; y es en este sentido que, para los fines de este ensayo, se tomará una postura ante esta disyuntiva.

Pienso que la perspectiva estrecha tiene su razón de ser, tanto práctica como histórica. Es decir, los empresarios se percataron que las universidades no estaban “haciendo su trabajo” y los egresados de las mismas llegaban al ámbito laboral sin todos los elementos necesarios para su buen desempeño. Por lo tanto, decidieron generar procesos de capacitación específicos para sus empleados en las áreas en las que consideraban que requerían apoyo. Obviamente, todos estos esfuerzos estaban (y están) encaminados a mejorar la productividad de la empresa y no toman mucho en cuenta a la persona como tal.

Sin embargo, el hecho de que exista una justificación del surgimiento de la perspectiva estrecha, no significa que esa deba ser la visión con la que la Educación Basada en Competencias sea llevada al ámbito de las escuelas. Estoy firmemente convencido que la perspectiva amplia, la cual toma en cuenta el desarrollo integral del ser humano, es la que debe prevalecer en los diseños curriculares de las escuelas de todos los niveles. Esta visión más holística no hace a un lado las preocupaciones “pragmáticas y empresariales” de la postura estrecha. Más bien, le añade elementos que son muy valiosos.

Incluso, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés) ha adoptado la perspectiva amplia en su propia definición de lo que es un competencia, la cual es: “conjunto de comportamientos socioafectivos y habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo adecuadamente un desempeño, una función, una actividad o una tarea” (Argudín, 2005, p. 12).

Podemos concluir que dependiendo de la perspectiva con la que uno asuma la Educación Basada en Competencias, se podrá determinar los alcances de la aplicación de este modelo educativo en los alumnos. ¿Qué es lo que queremos? ¿Sólo alumnos que sepan cómo hacer sus trabajos y que, desde el punto de vista procedimental, sean competentes? Entonces, hagamos uso de la perspectiva estrecha. En cambio, ¿queremos alumnos que sepan hacer su trabajo pero que, al mismo tiempo, tengan una serie de actitudes y comportamientos que los hagan mejores personas y no sólo trabajadores? Si la respuesta es afirmativa, la perspectiva amplia de la Educación Basada en Competencias es lo que estamos buscando. Además, ésta tiene la gran ventaja de adaptarse a todos los niveles educativos y no constreñirse al ámbito universitario.

De todos los textos que abogan por la Educación Basada en Competencias, el escrito por Argudín (2005) parece el más adecuado para expresar los puntos a favor de este modelo educativo. Retomando los puntos más importantes de los primeros tres capítulos del libro de esta autora, podemos señalar que la Educación Basada en Competencias tiene las siguientes ventajas:

a) En primer término, la Educación Basada en Competencias hace frente a una sociedad donde el conocimiento cambia de forma muy rápida. Es decir, si en esta época de transformaciones constantes, el único “tesoro” del estudiante es la información que tiene, la valía de lo que conoce se irá perdiendo con el paso de los años y de una forma acelerada. De lo anterior se deriva que, si el conocimiento se renueva tan rápido, las escuelas tienen que enseñar a los alumnos a aprender a aprender. De esa manera, no importa que la información cambie o sea mucha, el estudiante tendrá la competencia de indagar, sintetizar y valorar los nuevos datos que surjan en su ámbito profesional y personal.

b) También la Educación Basada en Competencias le permite al estudiante identificar el procedimiento utilizado para llevar a cabo las cosas. De esa manera, el alumno podrá tener un autocontrol sobre los pasos que lleva a cabo para lograr las metas que se proponga.

c) La Educación Basada en Competencias evita la desvinculación de los contenidos escolares y las demandas laborales de la sociedad posmoderna.

d) ¿Cuál es la función de la educación? Que el individuo se integre a la sociedad y que sea transformado bajo las pautas culturales aceptadas. Sin embargo, en el modelo de competencias también se espera que el aprendiz llegue a ocupar un lugar en el sector productivo. Es decir, en una perspectiva amplia de una Educación Basada en Competencias, se pretende generar personas con una buena formación (normas, valores, actitudes, código ético, etc.) y una buena capacitación (conceptos y procedimientos para desempeñar correctamente una función).

Referencias

Argudín, Y. (2005). Educación basada en competencias. Distrito Federal, México: Trillas. Ver síntesis de los primeros tres capítulos.
Brundrett, M. (2000). The question of competence: the origins, strengths and inadequacies of a leadership training paradigm. School Leadership & Management Abingdon, 20 (3), 353–370.
Cardona, G. (2002). Tendencias educativas para el siglo XXI: educación virtual, on line y @learning. Elementos para la discusión. Revista Electrónica de Tecnología Educativa, 15,1-27.
Carriel, J., Ruiz, S., Ruiz, N. y Suazo, E. (2004). Diseño de un sistema de evaluación de las competencias a desarrollar por los usuarios de las TIC. (Disertación para obtener el grado de licenciado, Universidad de Concepción en Chile, 2004).
Ginés Mora, J. (2004). La necesidad del cambio educativo para la sociedad del conocimiento. Revista Iberoamericana de Educación, 35. Disponible en: http://www.campus-oei.org/revista/rie35a01.htm Ver síntesis.
Hacket, S. (2001). Educating for competency and reflective practice: fostering a conjoint approach in education and training. Journal of Workplace Learning, 13 (3/4), 103–113. Ver síntesis.
Katz, R. (1999). Information Technology and the New Competition in Higher Education. San Francisco, California, USA: Jossey-Bass Higher and Adult Education Series.
Opinión-Hemos pasado de la era industrial a la era del conocimiento; [Fuente: El Comercio]. (28 de Junio). Noticias Financieras, 1.  Recuperado en Octubre 22, 2007, de Latin American Newsstand Database. (Document ID: 1068319921).

 

Recibido: 17 Junio de 2008

Aceptado: 8 de Julio de 2008

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