Prof. Fco. Javier Espinosa Burgos
Maestría en Educación Superior
spinfj@yahoo.com.mx
spinfj@hotmail.com
 

Uno de los principales problemas académicos que uno se encuentra al dar clases, es el alto índice de reprobación existente en los cursos de matemáticas, física y química. Lo más interesante es que el problema no se circunscribe a la relación maestro-alumno-contenidos en el ámbito escolar, sino que va más allá de las fronteras del aula. El problema va desde los programas y planes de estudio hasta el ámbito personal y familiar. No es un problema trivial, y se complejiza al depender de muy distintos factores, por lo que su solución ideal implicaría la instrumentación de medidas tan diversas y complicadas como sus causas mismas. Sin embargo, podemos enfrentar el desafío con optimismo, tal como lo plantea la filosofía de Víctor E. Frankl “La vida no nos ofrece problemas, sino posibilidades” [1]....

Un aspecto metodológico importante a considerar, es que para abordar un problema se debe “Tener la visualización apropiada de la mente para comprender y resolver dicho problema” [2], tal como lo expresaba el matemático norteamericano John Von Neumann. Siguiendo este enfoque, “Todo problema del que no se encuentra una clara solución, es un problema que ha sido mal planteado....”; por lo que en este contexto lo más importante no es el problema, sino la percepción cognitiva que se logre hacer de dicho problema y en consecuencia de la instrumentación teórica que se utilice, pues los resultados y conclusiones que se obtengan serán un reflejo directo de la metodología aplicada y no del problema mismo, el cual es independiente de las herramientas metodológicas, así como de la forma de procesar e interpretar los resultados, tal como sucede en gastronomía, donde la calidad de un platillo no depende exclusivamente de los ingredientes usados, sino de la receta y la forma en la que fueron preparados y servidos.
En física existe un principio llamado “principio antrópico” credo por Heisenberg, el cual nos explica por qué y cómo todo fenómeno es alterado por el observador “al ser medido”; sin contar el factor psíquico de la percepción y la interpretación, que suelen evocar preferencias subjetivas sesgando nuestras conclusiones. Y si a esto agregamos las dificultades que para un estudiante implica asimilar y discernir los distintos “lenguajes científicos” y la interpretación apropiada de los “campos semánticos” que interrelacionan “lenguaje, pensamiento y realidad” determinando “moldes o esquemas de pensamiento” [3] el problema podría cobrar dimensiones verdaderamente escalofriantes (ver Espinosa Burgos, 2006 Disponible en:
http://www.benavente.edu.mx/investigacion/septdic06/lenguaje.htm ).

Con todo lo anterior, intento mostrar lo complicado que resulta entender un problema multifactorial y fenomenológico, como lo es el bajo nivel de desempeño académico de los alumnos en los cursos que requieren de procesos formales y métodos cuantitativos. Sin embargo, si revisamos las técnicas para analizar y comprender la naturaleza y la dinámica de los grupos, la importancia de la empatía, las ventajas de promover la colaboración en lugar de la competencia, el papel de los grupos en la construcción y reafirmación de la personalidad, el sentido de pertenencia, los otros significativos (el sí mismo espejo), los grupos sanos, la importancia del trabajo colaborativo y la implementación de las técnicas para el desarrollo de habilidades del pensamiento, por mencionar solo algunas de las modernas propuestas pedagógicas. Todo esto en su conjunto, cambia la perspectiva que comúnmente tenemos del trabajo grupal y especialmente de la aplicación de las técnicas grupales que frecuentemente se interpretan como simples juegos para ambientar y entretener a los alumnos.

Estos recursos de ser bien usados resultan como un acto de magia o prestidigitación que recrean conceptos y contenidos permitiendo que el alumno disfrute la clase y la recuerde, ya que cuando existe un ambiente relajado y libre de estrés, junto con un ambiente agradable y lúdico la mente memoriza con mayor facilidad las experiencias, recibiéndolas como estímulos agradables, lo cual torna el ambiente ideal para el aprendizaje, recordemos que una queja común de los alumnos es “la clase es muy aburrida....”. Pero también es importante advertir que no se debe abusar de las técnicas grupales, pues si bien tienen un efecto facilitador del aprendizaje, abusando de ellas el efecto puede ser contrario, es como el caso de los chistes que si son contados en el momento apropiados acorde con la situación y el contexto suelen ser muy exitosos, pero sino pierden todo sentido y hasta pueden caer mal.

Dicho lo anterior, puedo afirmar que es posible mejorar el nivel de aprendizaje de los alumnos que tomen cualquier curso de ciencias básicas (matemáticas, física química o biología) sin demeritar el nivel y la calidad de los contenidos, mediante la implementación de técnicas grupales que mejoren el clima del aula. Al tornarse elementos innovadores que mejorarán la calidad del proceso enseñanza aprendizaje, al favorecer el trabajo colaborativo creando un ambiente dinámico y favorable para el desempeño del trabajo grupal, especialmente cuando los contenidos tienen cierto grado de dificultad y complejidad como lo son los temas relacionados con métodos numéricos que implican un doble grado de dificultad, pues por una parte están los conceptos abstractos de la teoría, y por otro lado la aplicación de las matemáticas donde es común que los alumnos suelan presentar deficiencias en su manejo, dando como consecuencia un sentido de doble frustración pues si no son capaces de entender los procesos cualitativos menos lo harán con los cuantitativos.

Antes de estudiar las técnicas para el manejo de grupos había llegado a la conclusión de que era necesario facilitar a los alumnos el aprendizaje de materias duras como la física cambiando la mecánica de explicar en el pizarrón (en dos dimensiones) los conceptos abstractos del mundo real, seguidos por los ejercicios de los libros que a pie de letra dicen cosas tales como “Un avión que vuela con una dirección rectilínea uniforme y a una velocidad constante no acelerada.....” - que solo torturaban a los alumnos y generaban en ellos un alto grado de insatisfacción y fobia por los cursos - por algún método que produjera una dinámica de trabajo estimulante, que permitiera abordar los conceptos complicados de una forma simple y divertida sin demeritar la calidad de los contenidos. Y fue solo después de algunos años de practica docente que llegue a la conclusión de que la clave para facilitar el aprendizaje era:

“hacer que lo difícil fuera fácil y que lo fácil fuera divertido”

y para lograrlo esto empecé a trabajar mediante el análisis de situaciones comunes y cotidianas que ellos mismos podían corroborar (tetradimencionalmente y en el mundo real), cambiando las clases teóricas de pizarrón por sesiones practicas con dinámicas grupales que ilustran los conceptos; cambiando también los intimidantes exámenes por el desarrollo de proyectos por equipos, donde ellos deben investigar, desarrollar un experimento, tomar mediciones y hacer todos los cálculos necesarios para el análisis de su funcionamiento, todo esto en un clima de relajamiento y colaboración, aunque algunas veces de fuerte competencia entre los equipos, quienes se disputaban el honor y la gloria de ser los únicos y los mejores en la realización de los proyectos encomendados; situación que era corregida al proponer que en cada proyecto se crearan nuevos equipos con distintos alumnos.

La experiencia que tuve fue muy enriquecedora pues me permitió ampliar la visión que tenía de la mecánica del trabajo grupal, a fin de hacerla dinámica, integradora, innovadora, creativa y con resultados que favorecen el aprendizaje significativo. Para lo cual son importantes las siguientes recomendaciones:

1. Conocer la historia grupal, que nos permitirá entender las relaciones interpersonales, los roles de cada alumno y las interacciones que dan cohesión o dividen al grupo afectando su desempeño. Para ello, desde la primera clase es importante la aplicación de una alguna técnica que nos permitá identificar a los líderes, a los alumnos participativos, a los alumnos apáticos o pasivos, así como la predisposición del grupo para el trabajo.

2. Establecer una buena comunicación maestro-alumnos, enmarcado en un entorno grupal de respeto, confianza, responsabilidad y compromiso.

3. Al inicio de cada clase resulta favorable el uso de alguna dinámica simple que nos permita la formación de equipos para iniciar la sesión, de tal manera que en el trabajo por equipos los alumnos trabajen siempre con distintos compañeros, lo que favorecerá la integración grupal y el trabajo colaborativo.

4. Es importante promover la colaboración y evitar la competencia que pueda generar confrontación y división del grupo.

5. El clima grupal del trabajo en clase debe establecerse cambiando la rigidez y la formalidad académica por un ambiente cordial, solidario y amistoso, donde la persona sienta que pueda ser ella misma.

6. El maestro como facilitador, debe proveer la autoorganización y la autogestión grupal, en un marco de respeto y responsabilidad.

Así mismo Anita Woolfolk nos dice: “la idea más importante para Piaget es que los individuos construyan su propia comprensión, y sean capaces de incorporar a sus propios esquemas la información que se les presenta, para lo cual tienen que actuar de alguna manera sobre los datos y no limitarse a la manipulación física de los objetos” [4]. Otro teórico, Patterson piensa que “el profesor debe partir siempre de las potencialidades y necesidades individuales de los estudiantes y con ello fomentar un clima social para que sea exitosa la comunicación de la información académica y emocional” [5].

De esta forma “el rendimiento académico reflejará el nivel de conocimientos medido en un alumno con una prueba estándar de evaluación” [6], y también el grado de disponibilidad intelectual, emocional y de otros elementos favorables en el alumno.

Esta propuesta de trabajo esta realizada a partir de la teoría de grupos y el trabajo colaborativo, desde una perspectiva humanista que tiene por objeto reforzar el proceso de enseñanza aprendizaje sin salirse de la trilogía maestro-alumno–contenidos, y partiendo de las necesidades de los alumnos con el propósito de plasmar las propuestas del “aula flexible”, para permitir un mejor y más exitoso desarrollo de sus habilidades en un clima más favorable.

La tesis filosófica que sustenta mi propuesta es que “no existen alumnos deficientes, sino simplemente alumnos con deficiencias”, es decir, seres humanos sensibles con capacidades y aptitudes múltiples (fortalezas y debilidades) algunas veces no detectadas o no bien estimuladas, de tal manera que al identificarlas se les puede ayudar a desarrollarlas o corregirlas para que éstas influyan de manera positiva en su aprendizaje y desarrollo personal mejorando así su rendimiento académico.


Referencias bibliográficas:

[1] Frankl, V. E. (1991). La voluntad de sentido. Barcelona: Herder.
[2] Bronowski, Jacob, (1979). El ascenso del hombre, México, Fondo Educativo Interamericano, 449 pp.
[3] Espinosa Burgos, F. J. (2006). Lenguaje y conocimiento: claves para alcanzar el aprendizaje significativo y la metacognición, Revista de Investigación Educativa ULSA-BENAVENTE, 5 (2), p.40.
Disponible en: http://www.benavente.edu.mx/investigacion/septdic06/lenguaje.htm
[4] E. Woolfolk, Anita, (1999) Psicología educativa, México, Prentice Hall, p.40.
[5] Paterrson, C.H., (1982). Bases para una teoría de la educación y psicología de la educación, México, Editorial El Manual Moderno, pp.296-353.
[6] Cortéz Bohigas, Ma. Del Mar,(1983). Diccionario de las ciencias de la educación, México, Editorial Santillana, p.1234.

 

Recibido: 6 de Mayo 2008

Aceptado: 12 de Mayo de 2008

 
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