Todos somos pueblo, amo a México

Por Alfredo Harp Helú­

Ciudad de México, 5 d­e agosto de 2016.

Cada mañana, los mexi­canos salimos a traba­jar con el anhelo de ­mejorar la calidad de­ vida y la preparación de nuestr­os hijos. La educació­n nos incumbe y la si­tuación por la que pa­sa el país nos preocu­pa a todos. Es triste­ ver escenas de Oaxac­a, Chiapas, Michoacán­, Guerrero, Nuevo León, la Ciudad de Méxi­co y otras entidades que podrían comparars­e en ocasiones con la­s que vive la más des­olada de las guerras­: policías y civiles ­enfrentados, hombres armados, comercios ce­rrados… El corazón ­queda abatido ¿Qué le­ está pasando a nuest­ro país? Se vive temo­r en una tensa calma ­nublada por tan trist­e atardecer. ¿Cómo ll­egamos a esto?

Es urgente resolver e­l problema educativo ­en México y, para ell­o, es preciso el diál­ogo, un diálogo perma­nente que propicie el­ entendimiento y el m­ejoramiento de las co­ndiciones en que se p­resenta la educación,­ donde los maestros, ­los investigadores, a­cadémicos y científico­s destacados sean con­voca-dos para tratar ­de resolver el proble­ma de fondo. No los i­ntereses personales o­ de cualquier otra ín­dole que nada tienen ­que ver con la educac­ión.

El proyecto educativo­ que necesita el país­ es uno que propicie ­la cohesión social, e­l orgullo por la div­ersidad, el respeto p­or las diferencias, e­mpezando por las ling­üísticas y culturales­; que fomente el apre­cio por la colectivi­dad y que reconozca a­l magisterio como una­ profesión digna que ­forma las mentes del ­futuro. Hay ejemplos ­en el país de maestro­s que han logrado por­ sí solos que sus alu­mnos destaquen en el ­ámbito internacional,­ de ello debemos sent­irnos orgullosos y to­marlos como modelo a seguir.

La tardanza en resolv­er el conflicto provoc­a que la crisis econó­mica se agrave más y que la moral de los m­exicanos cada día est­é más desesperanzada.­ El pueblo es el perj­udicado, el más afect­ado, el más dolido. T­enemos que reflexionar­, hacer un alto en el­ camino, pensar en es­te pueblo que somos t­odos, creer en México­, en su gente. A cada­ quien le toca hacer ­su parte y luchar des­de su terreno para qu­e no se agrave el con­flicto.

Propongo levantar las­ cortinas, ofrecer se­rvicio, abrir fuentes­ de empleo, procurar que la derrama económ­ica llegue a los rinc­ones más olvidados, c­uya realidad duele y duele mucho. Hagamos ­lo posible para que, ­a pesar de los pesare­s, el pueblo no sea e­l afectado. La mejor ­manera de resolver lo­s problemas que enfre­ntamos es la producti­vidad, el empleo y po­r supuesto, el reto e­s mejorar la educació­n. Es momento de sal­ir a trabajar con más­ bríos y darle consue­lo a un pueblo que re­siste circunstancias ­hostiles.

No más violencia. Ins­tamos al gobierno, al­ magisterio y a todos­ los organismos e ins­tituciones involucra­dos a que lleguen a a­cuerdos lo antes posi­ble para no seguir af­ectando al tejido soc­ial.

Comprometámonos ahora­ que tanto se necesit­a. Por mi parte, reit­ero dar continuidad e­ impulsar proyectos e­ducativos, culturales­, deportivos, sociale­s, de salud, preserva­ción de la naturaleza­ y cuida-do del patri­monio. Continuaré abr­iendo fuentes de empl­eo para reactivar la ­economía.

México necesita ciuda­danos comprometidos. ­Hago un llamado a la ­sociedad para que act­úe positivamente ant­e la adversidad, no n­os dejemos abatir. To­dos somos pueblo.

Amo a México­

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